Mojito time

Quisiera contaros una cosa que  me pasó hace tiempo y me enseñó algo sobre la vida. Sucedió en Barcelona. Estábamos paseando por la Barceloneta, todo muy romántico, el mar, el día soleado, las vistas… Cuando como por arte de magia aparece un señor mayor con una bandeja de mojitos. Nuestras miradas se cruzaron y coincidimos en que NECESITÁBAMOS uno. Felices y con nuestros mojitos decidimos pasear por la playa. No estoy exagerando, era uno de los mejores mojitos que he probado nunca. Equilibrado, refrescante y dulce. Estaba tan bueno que casi se nos olvida inmortalizar el momento con un selfie. Pero no te preocupes, tenemos el momento capturado.

Al cabo de un rato no muy largo, Ty estaba terminando el mojito y yo estaba a mitad, aparece otro señor mojito. Obviamente el hecho de que lleváramos nuestras bebidas en la mano no le impidió ofrecernos otro. Le pregunté que si quería emborracharnos y dijo que claro que sí guapi, que estabamos en la playa y que cuánto nos había costado el mojito. Por supuesto intentó mejorar el precio y hacer una oferta que no pudiéramos rechazar.

A partir de ese momento, todo fue muy rápido y confuso, empezó a bajar el precio cada vez más y a regalarnos por el mismo precio más mojitos, incluso se ofreció a rellenar los que llevábamos en la mano. Y claro. la avaricia rompió el saco y acabamos llevándonos más mojitos de los que podíamos sostener. Fue algo sospechoso que en el momento que se hizo el intercambio el señor mojito desapareció muy rápido. Al primer sorbo fue Ty quien se dio cuenta (porque él para eso es bastante bueno) de que lo que teníamos en nuestros múltiples vasos era prácticamente agua disfrazada de bebida tropical. No solo teníamos muchos vasos de algo bastante malo, también habíamos estropeado EL mojito. Así que aquí la enseñanza es… más vale mojito en mano que ciento volando.

2 Comments

  1. Teresa

    agosto 10, 2017 at 12:24 pm

    Mojito a Mojito !

Leave a Reply